La Villa de Adansón ? Un Reescrito ? Parte Dos

La Villa de Adansón – Un Reescrito – Parte Dos.
Desde el Escritorio de George Barnard – 18 de diciembre de 2009.

¡Había tres más!

Entonces Muéstranos Tu Ciudad Natal.

Quizás si pudiera convencer solamente a uno de estos muchachos a que aceptara que estaba muerto, ellos podrían darse cuenta que sus vidas han finalizado. Ellos podrían localizar al Ángel que está a cargo y esos Serafines podrían reunir un bus lleno de ellos para llevarlos al Cielo. Puede que después de todo ellos no fueran fantasmas. Bien podrían ser almas de personas confusas, pero si él podía mostrarme mapas, también podría saber cómo mostrarme fotografías.

“Entonces dejanos ver tu ciudad natal”, formulé mis pensamientos en un típico lenguaje coloquial Australiano. En el siguiente instante, pareció ser así, ambos estábamos parados en la orilla sudeste de un lago de agua dulce. En la distancia habían montañas cubiertas de nubes. A nuestra izquierda un arroyo de montaña desembocaba en el Lago Van. En frente de nosotros había una villa con unas quince casas rústicas. Sí, estábamos directamente orientados hacia el sudeste.

El Genio De Los Adanitas.

Allí mismo donde estábamos parados era el lugar donde Abecé-22 se había parado muchas veces, custodiando la villa de sus abuelos y padres. Esos fueron tiempos hoscos cuando las personas eran cazadores, recolectores, invasores y caníbales.

Estas eran cómodas casas rústicas redondas de un blanco lavado, con unos techos bastante altos de paja que lucían como si hubieran estado allí por unos treinta o cuarenta años, o hasta mas. Esas residencias de igual tamaño eran típicamente como muchas villas Africanas, pero era obvio que un gran planeamiento había tomado lugar en el trazado y la construcción de esta villa.

La única puerta a cada una de estas viviendas daban hacia el lago, permitiendo que el sol de la mañana despertara afablemente a sus ocupantes. Y las puertas eran arqueadas, indicando el uso de barro no cocido con un posible refuerzo de paja, carrizos, varillas y ramas.

El trazado de la villa era tal, que nadie podía acercarse a los domicilios individuales, o acercarse sigilosamente a ninguna de las estructuras, sin ser visto al brincar de una cubierta temporal a otra. Un solo sentinela, ubicado precisamente donde nosotros estábamos parados ahora, podría ver todo el asentamiento. ¡Era a prueba de ladrones! Quizás media milla cuadrada de vegetación exuberante había sido despejada, dejando solamente hierbas, pero un gran círculo de piedras rojas de río rodeaban a todas estas residencias de tiempos antiguos.

Nadie podía dar a estos Adanitas o a sus valiosos cónyuges, ninguna vil sorpresa durante el día o la noche. Ladrones o caníbales – hombres o bestias – podrían no ser vistos en la noche, pero con seguridad podían ser escuchados al andar en las ruidosas piedrecillas.

Ni Medio Muertos.

Tarde por la noche del día siguiente, mientras meditaba en mi clínica, llegó el guerrero una vez mas repentinamente. Parecía estar bastante optimista acerca de tener un terapeuta como nuevo amigo y estudiante y enseñarle al mortal muchas cosas de hace mucho tiempo.

“He estado pensando mucho en ustedes,” le dije, “y, ¿sabes que? Me he dado cuenta que ustedes no están ni cerca de estar medios muertos como pensé que estaban.”

“No era una noticia nueva para el Jefe Intermedio. “¿Por qué te tomó tanto tiempo?” preguntó él.

(25 años mas tarde todo la información del Jefe sería confirmada cuando una copia de segunda mano del Libro de Urantia llegó a mi poder).

Traducido por Loyda Mira.

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Has encendido una Luz y esa Luz se convertirá
en un Fuego Deslumbrante—ABC-22.