La Ultima Moneda de Oro.

La Ultima Moneda de Oro.
Desde el escritorio de George Barnard – Septiembre 16, 2010.

Anoche estaba intentando 'encontrar' a alguno de nuestros Maestros – quizás Aarón o Samuel – para una lección apta para todos los subscriptores de las listas 11:11. Lo que recibí fue un mensaje muy privado de parte de un Intermedio, y luego otro celestial – nuevamente con un mensaje privado.

Hoy, septiembre 17, 2010, he estado pensando mucho acerca de esos mensajes no grabados, y como contienen básicamente buenos consejos, les voy a relatar algo que salvó a mi familia de una desaparición temprana en 1945.

Yo tenía apenas tres años en 1942 cuando Alemania gobernaba a Holanda con un puño cerrado. En ese momento, desde el comienzo de la guerra, la ocupación no había cambiado las cosas demasiado. Nosotros teníamos suficiente con que comer pues algunos parientes y amigos de la familia poseían granjas en el distrito. Sin embargo, pronto fuimos considerados enemigos potenciales del tercer Reich. Muchas personas en la costa eran comerciantes, navegantes multilingüistas o pescadores, y desde nuestros pueblos costeros con sus largas extensiones de playas – ideales para una invasión extranjera – los invasores consideraron que necesitaban mudarnos hacia el sureste.

Los alemanes nos forzaron a abandonar nuestras casas; nos hicieron mudar hacia el centro de Holanda donde nada crecía, pues no había buen suelo, solamente arena y brezos. Sin embargo, suficiente comida podía ser adquirida con el dinero adecuado, pero para entonces las monedas de oro se estaban volviendo escasas. Mi padre había vistos 'las señales de los tiempos' y había acumulado varias piezas de oro mucho antes de que el país fuese invadido. El invierno ártico de 1944-1945 comenzó a hacer la vida miserable para todos. La parte central del país había sido liberada, pero la infraestructura se había derrumbado. No había comida que se pudiese comprar con dinero en papel, pues para entonces no tenía valor alguno. Solamente el oro servía como moneda. ¡Hambruna!

Algunos murieron congelados en sus casas. Los gatos y los perros terminaron en las ollas. La comida diaria – si acaso algo podía encontrarse – consistía de remolacha y bulbos de tulipán. A mi papá solo le quedaba una moneda de oro y decidió cambiarla con un hombre que aún poseía un caballo y una carreta para mudarnos a todos otra vez al noroeste. Con la fe puesta en Dios, él nos llevó de regreso al pueblo contero donde yo había nacido... ¡justo detrás de las lineas enemigas!

Fue la decisión mas osada de su vida. Jamás fuimos bombardeados o heridos por los soldados alemanes, pero seguramente algunos de nosotros no habríamos sobrevivido si nos hubiésemos quedado en aquel lugar donde no podía encontrarse comida. A los cinco años yo pesaba mucho menos que el peso promedio en los niños de tres años.

Uno de los mensajes privados del 16 de septiembre 'sugería' que tal vez deberíamos tener algunas monedas de plata en la casa mientras nuestro dinero de papel devaluado continuaba saliendo de las imprentas. Esta, en esencia, fue la recomendación privada – el otro mensaje no tenía relevancia en esto.

Traducido por Nelson Navas.

© Grupo de Progreso 11:11.
Has encendido una Luz y esa Luz se convertirá
en un Fuego Deslumbrante—ABC-22.