Estímulo celestial

Estímulo celestial
Desde el escritorio de George Barnard – 31 de mayo de 2015.

El mensaje a continuación vino de Cristo Miguel cuando estuve trabajando en uno de mis libros –“Por la Gracia del 11:11”, el tercero de una trilogía. Al principio Él se dirigió a todos nosotros. Había Serafines e Intermedios cercanos, quienes me ayudaban con la escritura. Después Él habló acerca de la obra en curso.

“Los saludo en esta hermosa tarde, mis diligentes hijos. Siempre estoy con ustedes, pero en este momento estoy aquí para hablarles mientras dedican su tiempo al tercer libro de su trilogía. Este es el Hijo Creador del universo local de Nebadon, conocido hace mucho tiempo como Josué ben José o el Escriba de Damasco.

“Por sus esfuerzos, verdaderamente podemos decir que ciertamente somos colegas y pensamos igual, acerca de crear progreso y expresar pensamientos en el papel. Mucho después de que la tinta de sus páginas se difumine, y que el papel de la primera edición se torne amarillo, su material aún será leido detenidamente, tanto aquí como en las esferas elevadas.

“Particularmente, me complace que hayas accedido a modificar el texto en donde tus Amigos Celestiales señalaron un error (importante). Y yo te prometo que llevarás este trabajo hasta una conclusion satisfactoria, pues es mi regalo para ti, que extiendas tu servicio a mis causas. Ya que tus escritos describen tu interacción con mis valientes ayudantes planetarios, los Intermedios, quienes actúan de acuerdo a mis mandatos, por lo tanto es apropiado que en este momento también les agradezca oficialmente por el esfuerzo que han dedicado a tu educación.

“Les agradezco por darme la oportunidad de dar a conocer mis deseos personales y garantías acerca de sus escritos. Sigan adelante. No teman nunca, pues su éxito ya es alabado en las esferas más altas, en donde resido. Procedan y sigan su vocación. Todos ustedes lo están haciendo muy bien.

“Además, agradezco por este medio a todos mis soldados del progreso humano 11:11, por los esfuerzos de internacionalización que son tan amplia y fácilmente comprendidos y aceptados de corazón.

“Yo soy Miguel.”

Traducido por Perla Téllez Garza.

© Grupo de Progreso 11:11.
Mi regalo para ti es que tú estés a mi servicio — Cristo Miguel.

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En estos tiempos críticos

En estos tiempos críticos
Desde el escritorio de George Barnard — 28 de abril de 2015.

Desde el 2001 hasta el 2003 desperdicié mucho de mi tiempo en debates, y después en discusiones con los miembros de un grupo espiritual acerca de cómo conducir más eficientemente su “organización” de siete años y menos de 100 miembros.

A mediados de mayo de 2003 más o menos, ABC-22 tenía algo que decir acerca de mi comportamiento, que al principio no tenía sentido. Él dijo: “Miguel opina que si hubieses vivido durante Su tiempo en la tierra, habrías llevado una espada…” Pensé que esa idea era bastante justa. Muchas personas llevaban espadas –como los romanos, el apóstol Pedro y muchos otros, pero ¿por qué decirme esto? Entonces el Intermedio continuó diciendo, “... ¡y la habrías empleado!”

Era momento de renunciar a ese grupo. A mi parecer, durante muchos meses se habían parecido al famoso Show de los Muppets, con todo y alborotadores, un Gonzo y más de unos cuantos candidatos para el papel de la rana René. Las palabras de Miguel habían sido un buen consejo. Para mí, Él siempre había sido un amigo en primer lugar. Casi había sido una pérdida de tiempo visitar los EEUU por los planes de organización de Maquiaventa Melquizedek, a pesar de que...

... conocer a tantos nuevos amigos –igualmente involucrados con el libro de Urantia y la recepción de enseñanzas celestiales– había sido una delicia. Sin embargo, ahora tenía que empezar desde cero y encontrar personas confiables que trabajaran conmigo, pero con seguridad sabía cómo no debía organizarme.

Cuando llegó a unos 1,000 suscriptores la lista del Grupo de Progreso 11:11, surgieron algunas dificultades y acudí a Miguel para pedirle consejo. Imaginen mi sorpresa cuando lo único que me dijo fue: “Portarás Mi insignia en el Paraíso”. Mi respuesta mental inmediata fue: “¡Lo sabía!”, pero estaba tan complacido que tuve el cuidado de no expresar esa traviesa respuesta ante Sus amables palabras.

Rápidamente olvidé la promesa de Miguel. Lo más probable es que me hicieron olvidarla durante algunos años, hasta hace apenas unos meses. Claramente, ahora había una gran cantidad de personas involucradas con el Grupo de Progreso 11:11 –receptores, traductores, editores, personas de TI, sanadores del Constructo Akáshico y Reiki. Obviamente hay quienes nos ayudan a hacer este trabajo del 11:11 a tiempo completo. Les damos las gracias y sin duda también a quienes renvían las transcripciones de los mensajes celestiales a amigos y familiares.

No son solo suscriptores, se me hizo entender. ¡Son miembros! También estarán portando la insignia de Miguel al entrar al Paraíso. Hoy en día son quienes sienten que los momentos críticos llegarán, y que el trabajo del Progreso 11:11 no debe dejarse morir en los difíciles años por venir.

Y esto es tan solo un pequeño pensamiento de George Barnard.

Traducido por Perla Téllez Garza.

© Grupo de Progreso 11:11.
Tu llevarás mi insignia hasta el Paraíso — Cristo Miguel.

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Esto no tiene que ver con nada, pero es bueno para reír

Esto no tiene que ver con nada, pero es bueno para reír.
Desde el escritorio de George Barnard – 9 de abril de 2015.

Esto sucedió hace muchos años, durante la época en que Tamara Chelsey y yo nos dedicamos a la hipnosis clínica (ética) – hipno-terapia es el término apropiado. Uno de nuestros ocho estudiantes era un joven llamado Luigi, un recién llegado de Italia a la Tierra de Oz.

Luigi hablaba muy alto, era difícil entenderlo pues parecía haber asesinado al idioma Inglés. Y en ese momento, cuando había completado apenas cuatro de las primeras 12 lecciones, decidió que lo sabía todo. ¿Qué clase de terapeuta sería en el futuro? Me aterraba la perspectiva de guiarlo semana tras semana. Con un letrero sobre la puerta y un anuncio en el periódico local, pensó que estaba listo para cualquier cosa.

Ya que vivía en un sector bastante latino de la ciudad, y que tenía un nombre como Luigi, no pasó mucho tiempo para que su primer paciente tocara el timbre. Entró Tony, un joven enfermizo que durante años había visitado a muchos médicos, psicólogos e incluso algún psiquiatra extraño. Nadie había encontrado respuesta para lo que aquejaba al compatriota de Luigi.

Luigi requirió varios intentos para hipnotizar a Tony. Finalmente, el paciente mostró los reveladores signos del movimiento rápido del ojo detrás de sus párpados cerrados. ¿Qué hacer ahora? Luigi no lo sabía. En ese momento todavía no habían comenzado sus lecciones de terapias específicas. Las terapias vendrían muchos meses después. Tal vez su paciente comenzaría a hablar. Tal vez. Tal vez no. Luigi esperó, y esperó, y esperó un poco más, pero Tony no decía nada.

Finalmente, Luigi no pudo soportarlo más y gritó a su paciente: “¿Qué &%44&# demonios pasa contigo?”

Por favor, no intenten esto en casa.

Conmocionado y sorprendido, Tony abrió los ojos y murmuró: “¡Soy alérgico a los almidones.” Problema resuelto, pero qué manera de hacerlo. Ahora teníamos a un italiano alérgico a los almidones. No más espaguetis, no más pasta. ¿Qué más queda?

Sin embargo, nos enseñó la valiosa lección de que en el fondo sabemos exactamente qué está mal con nosotros. Y enseñó al orgulloso y demasiado confiado Luigi a estudiar su larga, larga lista de terapias.

Todo esto es recordado bastante bien. Oh sí.

Y esto solo es un pequeño pensamiento de George Barnard.

Traducido por Perla Téllez Garza.

© Grupo de Progreso 11:11.
Mi regalo para ti es que tú estés a mi servicio — Cristo Miguel.

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Me pregunto por qué te dije eso

Me pregunto por qué te dije eso.
Desde el escritorio de George Barnard – 3 de marzo de 2009.

En la década de los 70, cuando aún dirigía mi empresa, los Intermedios decidieron que ya había practicado la suficiente sanación con animales y pacientes humanos ocasionales. Ya era tiempo de que hiciera algo de sanación a distancia, y se dedicaron a educarme. Muchas sanaciones seguirían a esta.

El joven Mark Brady era un íntimo amigo de mi familia y de los trabajadores. También era representante de ventas de una empresa con la cual hacíamos muchos negocios. Mark llegaría a mi empresa, haría una línea recta hacia la máquina de café y regresaría a mi oficina con humeantes tazas para ambos, antes de tomar el pedido. Entre visitas, lo llamaba por teléfono a su oficina para pedirle lo que necesitábamos de su compañía.

En una ocasión, después de hacer mis pedidos telefónicos, Mark dijo: ‘Mi abuela, quien tiene sesenta y ocho años y vive en Croydon, tiene una enorme cáncer en su estómago. Su nombre es Agnes y está muy enferma, George.’ Hubo un largo silencio, y luego dijo, ‘¡Vaya! ¡Me pregunto por qué te dije todo eso!’ Mi igualmente extraña respuesta hacia él fue: ‘No te preocupes por eso. Sucede todo el tiempo.’

¡Error! ¡No sucedía todo el tiempo! ¡Todavía no había ocurrido!

De alguna manera, esa respuesta fue suficientemente buena para Mark. Tomé lo sucedido como una instrucción, y durante la meditación de esa noche me encontré en Croydon, a unas 30 millas de distancia, y en compañía del Dr. Mendoza. Estábamos de pie junto a la cama de la señora Brady. Tenía un crecimiento en el vientre del tamaño de un pequeño balón de fútbol. Miré al doctor, pero al parecer no iba a hacer nada.

Así que metí la mano en su vientre y saqué ese crecimiento. Lo aventé hacia afuera de su habitación. En el momento siguiente, el tiempo había cambiado. El tiempo había ‘transcurrido hacia adelante’ durante tres días enteros, y Agnes Brady estaba sentada en la cama, comiendo su cena.

Una semana más tarde, una llamada de Mark confirmó que ‘había ocurrido un milagro’ y que el cáncer de la señora Brady había desaparecido por completo. Mark dijo: ‘En cierta manera me siento obligado a decirte esto. No sé por qué.’

Yo le dije, ‘Está bien, Mark. Está bien. Sucede todo el tiempo.’ Pues bien, al menos desde esa ocasión en adelante, sí siguió sucediendo.

Nota importante:

No hay nada extraño o especial en la sanación de Agnes Brady hace tanto tiempo. Casi cualquier persona viva y creyente es capaz de realizar este ‘pequeño milagro’. Lo que sea que cambien en el ‘Mundo Astral’ tarde o temprano se verá reflejado en este mundo.

Traducido por Perla Téllez Garza.

© Grupo de Progreso 11:11.
“Motiven a vuestros niños a aprender acerca de Dios,
A vuestros científicos para que descubran Sus Leyes,
A vuestros viajeros para que admiren Su creación.
Ahora enseñen a los mas talentosos a escuchar Sus Palabras –
Soy Atena, quien les ama.”

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El ala rota de Félix

El ala rota de Félix
Desde el escritorio de George Barnard – 24 de enero de 2015

Parece que “siempre” decimos a los miles y miles de receptores de los avisos de tiempo 11:11, que los leales 1,111 Intermedios Secundarios están aquí para trabajar con nosotros. Son Maestros y Mensajeros, sí, ¡y Sanadores también! Olvidamos pedirles ayuda, sobre todo cuando nos enfermamos –error nuestro, pues incluso curan a nuestros animales. El Currawong “Félix” fue uno de sus pacientes.

Alimentamos a un par de urracas durante casi dos años, una de las cuales se sentaba en nuestras rodillas y engullía sabrosos bocados de salchicha. Su compañera no era tan valiente, pero mejoraba poco a poco, semana tras semana. Y por supuesto, ahora tienen nombres. Ella se llama Preciosa y él Laddy, y responden al sonido de sus nombres.

Hace unas tres semanas, un pájaro de color negro con brillantes ojos amarillos vino a observar, y se las arregló para conseguir también un bocado de salchichas. A esta ave se le conoce como Currawong. Al día siguiente vino de nuevo, pero esta vez llamó y llamó. Finalmente, un joven Currawong se acercó corriendo y aleteando por la entrada. Estaba tan terriblemente hambriento que no tenía miedo. Lo llamamos Félix. Y esta es su historia.

Felix tendría unos tres meses de edad y parecía que había recibido un disparo. Su ala derecha estaba rota y le faltaban seis o más plumas. Para él era peligroso correr sobre el césped o por el camino de la entrada, incluso con su madre aún cuidando de él, pues ya debería valerse por sí mismo. Ella veía que alimentábamos a las urracas y lo llamaba con fuertes graznidos, para que él también viniera a conseguir su parte.

Sin embargo, era vulnerable ante halcones y águilas por estar en el suelo, pues las aves tienen que volar. No pudimos atrapar a esta ave corredora, y aún así, ¿cómo hubiéramos podido arreglar su ala? Le preguntamos al Dr. Mendoza, y justo después Félix desapareció durante dos días enteros. Su ala ya no está rota y algunas de sus plumas están volviendo a aparecer. ¡Y puede volar! Todavía no es nada del otro mundo, pero está mejorando día con día.

Tal parece que tenemos que estar desesperados para recordar que podemos pedir ayuda a los leales 1,111 Intermedios Secundarios que han estado aquí durante más de 30,000 años para acompañarnos, e incluso para ayudar a nuestras mascotas adoptadas. Con su ayuda, todos somos sanadores potenciales de los demás y de nosotros mismos.

El Currawong Félix simplemente fue retirado de nuestras dimensiones y llevado al siempre pacífico Reino Intermedio durante dos días enteros. Las plumas le están creciendo nuevamente y puedo ver que los huesos de su ala derecha están sujetos por algún tipo de pegamento grisáceo, semitransparente y duro como una piedra.

Estamos encantados. Gracias Dr. Mendoza.

Para más detalles, ver: http://board.1111angels.com/viewtopic.php?f=24&t=24409

Traducido por Perla Téllez Garza.

© Grupo de Progreso 11:11.
Has encendido una luz que se convertirá en un fuego deslumbrante — ABC-22.

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