La Barrera Protectiva.

La Barrera Protectiva.
(Desde el Escritorio de George Barnard)

La mayoría de nosotros, estudiantes y participantes de la Construcción Akásica, Curadores por medio del Reiki, Receptores, y Espectadores Remotos, solamente nos podemos culpar a nosotros mismos por nuestras casi y completas fallas—levantamos barreras en nuestro progreso, espiritualidad, asuntos de salud y bienestar financiero, y hacemos eso de una u otra manera.  La dificultad esencial que debemos enfrentar es el temor.  Tememos fallar, tanto como le tememos al éxito, entonces creamos barreras personales que nos detienen.
Sin embargo, esto es un reporte sobre una barrera muy positiva y utilizable.

La mayoría de nosotros, estudiantes y participantes de la Construcción Akásica, Curadores por medio del Reiki, Receptores, y Espectadores Remotos, solamente nos podemos culpar a nosotros mismos por nuestras casi y completas fallas—levantamos barreras en nuestro progreso, espiritualidad, asuntos de salud y bienestar financiero, y hacemos eso de una u otra manera.  La dificultad esencial que debemos enfrentar es el temor.  Tememos fallar, tanto como le tememos al éxito, entonces creamos barreras personales que nos detienen.
Sin embargo, esto es un reporte sobre una barrera muy positiva y utilizable.
Tamara Chelsey y Eduardo Willis.
Tamara Chelsey fue una colega con la que trabaje frecuentemente en el ambiente de clases con un número de psíquicos que se estaban iniciando.  Ella y yo aprendimos mucho el uno del otro, al igual que de nuestros estudiantes.  Mi tiempo con el profesor Eduardo Willis, un profesor de Psicología, fue diferente porque no había nada que yo pudiera enseñarle a Ted Willis.  Él parecía saberlo todo.  Willis semejaba a una biblioteca viviente de información psíquica y espiritual.
Chelsey y Willis a menudo me inculcaban la importancia de “construir o de solicitar la instalación de una barrera”, una barrera protectiva, para estar seguro.  En 1972 hice (pedí) exactamente eso.  Había una barrera alrededor de mi hogar, mi fábrica, y mi familia, ya sea que estuvieran en casa, en la escuela o de compras.  Había una barrera alrededor de mi carro, aun en marcha.  Parecían algo casi claro, cúpulas blancuzcas bastante tenues y estaban instaladas permanentemente, subsistiendo año tras año.
En aquellos primeros años, además de ver a mis “Espíritus Guardianes”—apropiadamente llamados Intermedios—a menudo detectaba otras entidades que realmente no me impresionaron mucho y sentía que tenía que mantenerlos fuera de mi ambiente.  Lo que no me daba cuenta es que las barreras también mantendrían a visitas humanas indeseables.  ¡Lo hacían!  La cúpula transparente protectora de mi hogar terminaba en la ancha entrada de nuestra granja de pasatiempo, apenas cubriendo dos arbustos florales en cada lado del camino de concreto.  La cúpula no dejaba entrar a visitantes indeseables.
Una Furgoneta Verde.
La calle donde yo viví se llamaba Camino Montana.  Nuestra casa tenía una vista de muchas millas de valle y a lo lejos una escarpa.  Toda el área había sido repartida en lotes de 5 acres, pequeñas granjas, pero prácticamente cada hombre, mujer y niño se iba del área durante cada día laboral.  Eran personas envueltas en sus negocios, profesiones; y sus hijos tal como los de nosotros estaban en las escuelas.
Algunas veces durante el año 1980 una furgoneta grande de color verde ocasionalmente se miraba conduciéndose hacia estos terrenos en gran parte despoblados, poco después oiríamos la noticia de que otra residencia había sido vaciada de todos sus objetos de valor.  Una y otra vez, familia tras familia llegaría a casa para encontrarla vacía.  No dejaban nada de valor para la familia.  También vaciaban neveras y congeladores.  Incluso la ropa de cama y de vestir se la llevaban.  Los posibles culpables, los muchachos en la furgoneta verde, sabían como causar dolor en el joven y en el viejo.
El Turno de Robar a los Barnard.
Era un jueves (día de pago para mi personal) en agosto de 1980, puede que en nuestra calle haya sido el único que estaba en casa trabajando en un nuevo diseño en mi pizarra.  Pronto sería hora de irme al banco para recoger el dinero de la planilla para los hombres y mujeres empleados en nuestra compañía.  Casi en silencio, una furgoneta verde llegó a nuestra propiedad, y desde detrás de la cortina miré a dos hombres grandes que venían en el camino de la entrada.  Inteligentemente pensé que era hora de alertar a la policía.
Los dos caminaros hasta los arbustos florecidos y se pararon.  Por un momento ellos parecían estar desconcertados.  Seguidamente ellos dieron una vuelta de 180 grados y se fueron de regreso a la furgoneta.  Ellos se detuvieron “con sus narices para arriba en esa barrera de 8 años” y cambiaron sus planes de robar a los Barnard.
La Única Barrera Que Necesitamos.
Durante todos esos años esas barreras existieron, no hubo accidentes, industrial o domestico, no mas robos (pasamos un período muy malo antes de que se crearan las barreras) y no accidentes automovilístico con ninguno de los carros de nuestra pequeña flotilla.  La “barrera protectora”—y posiblemente Dios pueden tener una idea de la manera que están hechas—debería de ser la única barrera que se construya.  El universo es nuestro para que intrépidamente “lo recorramos” hasta saciarnos para sanar, aprender y progresar.
Esto es solamente un pequeño pensamiento de George Barnard.
Traducido por Loyda Mira.
© Grupo de Progreso 11:11.
Todas las cosas son posibles cuando se hacen bajo las Alas de Miguel.
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